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sábado, 8 de noviembre de 2014

Ascenso por Engaño (Relato)




—¿A que piso vas? —preguntó el chico.

—Al 215 —dijo ella sin apartar su mirada de su bolso.

Su madre la había educado bien, muy bien. Muchas veces le había hablado de lo que ocurría en el lugar donde se encontraba. El ascensor.

Su madre siempre decía que en esos lugares siempre ocurrían el 70% de los robos. El ascensor paraba, y el agresor arrancaba el bolso, bolsa o equipaje y salía corriendo del lugar. Ella, insegura de si misma, apretó su bolso con firmeza en su pecho.

Aunque ella sabía que no había ningún problema. Lo sabía perfectamente. Sabía que ese chico no era peligro para ella. No iba a pasar nada. Lo tenía muy claro, aunque él no fuera consciente de ello.

El joven ni la miró. Estaba más pendiente que observar los botones mientras se iban encendiendo poco a poco. Lo había convertido en un juego estúpido, pero, a la vez, divertido para él. Le hacía gracia.

Planta 30…Planta 35…Planta 40…Planta 45…El ascensor seguía ascendiendo a gran velocidad, mientras chico y chica no cruzaban palabras entre ellos. No se miraban, no se interesaban, no hablaban.

No tenían interés en interactuar entre ellos. Tal vez se tratará de la imagen que tenemos de esos lugares tan fríos como son los ascensores. Un lugar cerrado, incómodo. Un sitio poco dado al diálogo, salvo las conversaciones típicas del tiempo, la familia y similares.

Kurt, que así se llamaba el chico, siguió observando los botones, mientras marcaba la Planta 69. Un golpeo brutal asentó a los dos pasajeros, produciendo el STOP del ascensor.

Tal fue el impacto, que esto produjo que ella cayera hacía él, produciendo que los dos acabarán sentados en el suelo. Prosiguió la pérdida de conciencia de los dos.

Segundos después, Kurt despertó. La chica estaba encima de él, todavía inconsciente. Con sumo cuidado, la apartó de encima, y la dejó a un lado. En ese instante, analizó la situación.

Se encontraba en un ascensor, colgado en una planta altísima. Sin medios para contactar con nadie, salvo por el botón de alarma. Lo observó y se aproximó para pulsar.

El botón no emitió ningún sonido. No funciona, no había forma de comunicarse con el exterior, estaban atrapados.

La chica recobró la conciencia y se puso de pie. Observó a Kurt mientras fruncía el ceño de forma automática. A él le gustó esa expresión. En ese momento, a Kurt se le iluminó el rostro. Los cabos se habían atado y no se podían deshacer.

—Bueno…parece que estamos atrapados…¿No es gracioso? — dijo Kurt.

—Tienes la gracia en el culo, Kurt. Como casi siempre, y mira que has tardado en reconocerme, joder. ¿Qué vamos a hacer?

Se conocían, por supuesto. Lara, que así se llamaba ella, conocía a Kurt desde hace unos cuantos años, aunque hacía cinco años que no se veían. Para ella, él no había cambiado nada desde hacía cinco años, o esa es la sensación que le daba.

Claro que dicen que las personas cambian con el tiempo. Evolucionan en muchos casos, o involucionan en muchos otros casos. Igualmente a ella no le importaba. Solo quería salir de allí, salir de ese maldito ascensor que se había quedado clavado en el aire.

—Venga, Calla Lara —dijo conteniéndose la risa—Tenemos que pensar que vamos a hacer.

—¿Ya has pulsado el botón?

—Si. No funciona. Estamos atrapados. Oye, ¿no tendrás un móvil, por ahí, no?

—No le queda batería. ¿Y tú?

—Nada. Pues, lo más que podemos hacer es esperar a que alguien se percate de que estamos aquí atrapados y nos saque.

—Genial. Planazo. —dijo ella sacando a pasear su recurrente ironía.

Kurt la observó mientras el silencio invadía el ascensor. Lara se había callado. El silencio era tal que hasta, con empeño, se podía escuchar a sus corazones latir.

—No deja de ser gracioso encontrarnos aquí ¿No crees, Lara?

—Si, muy gracioso. Hace cinco años que nos vimos desde la última vez, y tenemos que encontrarnos aquí, en este lugar. Atrapados.

Kurt y Lara ya se conocían. Hace unos cuantos años habían salido juntos. Desde que cortaron, por mutuo acuerdo, no habían vuelto a verse las caras. No era casual que ella no lo hubiera mirado durante todo el trayecto del ascensor hasta quedarse parados. No tenía interés en que el la reconociera, no el apetecía, no le interesaba.

—Y dime ¿Qué es de tu vida, Lara? —preguntó Kurt mientras se sacaba el mechero y un cigarrillo para fumar.

Kurt vestía un traje negro con corbata a juego del mismo color. Debajo del traje llevaba una camisa blanca impoluta. Parecía que había ido a comprarla antes de subirse al ascensor, ya que toda la ropa estaba impecable como si fuera ropa de estreno.

—Bueno, acabe mis estudios y ahora trabajo aquí, en estas oficinas —dijo ella sin andarse con rodeos.

Lara vestía un chaqueta de traje con falda a juego, mientras que debajo de la chaqueta llevaba una camisa negra muy elegante. Su cara era redonda, perfectamente perfilada como si un escultor de la vieja roma hubiera trabajado sobre ella para realizarla. Kurt la observó, ella igual que hace cinco años, seguía con sus ojos azules, su media melena castaña y su aire de dureza que solía aparentar frente a él.

A Lara no le interesaba entablar conversación con él. Había acabado harta. Incluso pensó que, de todas las personas que habían en el mundo porque le había tocado quedarse encerrada con Kurt. No deja de pensar en que la mala suerte la perseguía.

—Interesante, así que trabajas aquí. Yo he venido para una entrevista de trabajo. Por eso voy tan elegante ¿Qué te parece?

—Vas igual que la ultima vez que nos vimos. Cuando me tocó ir a declarar en el juicio —dijo Lara de forma tajante.

"Tenía que salir el tema" pensó Kurt. Sabía que tarde o temprano iba a salir ESO en la conversación. Era indudable. No siempre te libras que te recuerden que has estado en la cárcel. En ese momento, Kurt supo que Lara no había olvidado el pasado, aun recordaba aquello que había ocurrido entre ellos. Lo que provocó que dejaran de verse y que se rompiera su relación, hace cinco años.

—Veo que aún lo recuerdas, Lara. Pensaba que después de cinco años, ya lo habrías olvidado.

—¿Tu eres tonto o qué? Una cosa así nunca se olvida. Jugaste a tu juego y te pasaste mil pueblos…

Kurt se fue aproximando a ella mientras ella retrocedía hacía atrás. Él se aproximó a ella con intención de abrazarla, de calmarla del odio que había expresado hacía él.

—Kurt…nos conocemos. Si crees que por desplegar tus encantos piensas que voy a ceder estas equivocado…ya han pasado cinco años. No quiero saber nada de ti.

Kurt abrió sus brazos con la intención de rodear su cintura mientras aproximaba su cara hacía ella. En ese momento, Lara se dejó llevar. Sus labios se encontraron en la atmosfera silenciosa que se había formado en ese agónico ascensor. Se besaron. Ella notó la calidez de sus labios mientras la lengua de Kurt se introducía en busca de su homologa.

Mientras se besaban, ella le rodeó el cuello con sus brazos dejándose llevar completamente. Kurt ya le había rodeado perfectamente la cintura mientras se la balanceaba de un lado a otro. Tras un rato, sus labios se separaron.

—Ya echaba yo de menos esto…—dijo él sin separarle las manos de su cintura.

—Kurt…ya te lo he dicho…no puedo—dijo Lara intentando separarse de él. Pero, Kurt no desistió, volvió al ataque, esta vez centrándose en su cuello. Sus labios se posaron en su dulce cuello mientras intentaba marcarla con fuerza.

Lara cerró los ojos mientras se aferraba a él, esta vez avanzando sus manos hacía su pelo y estirándole del pelo con fuerza mientras él la besaba por el cuello. La pasión empezaba a acelerarse mientras el ascensor seguía clavado en la aire sin que el exterior se preocupara por lo que ocurría dentro.

—Sigue así, ¡sigue! —gritó ella de placer mientras le pedía a Kurt que le quitará la chaqueta.

Él asintió y obedeció al mandato de ella, mientras también se desprendía de su chaqueta también. Ambas chaquetas quedaron tiradas en el suelo sin importar que se echarán a perder. El desenfreno se había adueñado del ascensor completamente. Tras quitarse la chaqueta, prosiguió la corbata, donde fue la propia Lara quien se la quito fuertemente llevándose, luego, su propio dedo pulgar a la boca.

—Bueno…vas a venir a por mi…o no vas a venir…—le comentó ella con voz cálida mientras se incorporaba contra una de las paredes del ascensor.

Kurt se aproximó a ella mientras la volvía a rodear con sus brazos, esta vez prosiguió hasta situar sus manos en sus nalgas mientras se las apretaba con firmeza. Ella notó su tacto enseguida, le gustaba, le gustaba que le hicieran eso.

Tras dar un salto, Lara le rodeo la cintura colocando sus piernas. Kurt se sentía atrapado por ella, pero eso le gustaba. Posteriormente, se fundieron en un beso mientras el la empujaba con dureza contra la pared del ascensor. Notaron que el siguiente paso era pasar a mayores…

En ese momento, el ascensor empezó a accionarse. Se había restablecido el sistema. De un gran salto, Lara bajó sus piernas dejando libre a Kurt, este mientras se separo de ella en busca de su corbata y su chaqueta.

—Esto no ha llegado a ser ni un coitus interruptus…será mejor darse prisa—dijo Kurt mientras se volvía a colocar a corbata.

Lara recogió su chaqueta y se abrochó los primeros botones de su camisa que anteriormente Kurt había empezado a desabrochar. El juego había acabado, el ascensor se había puesto en marcha hacía la planta 215.

—Espero que te quede claro, Kurt. Esto no ha pasado. Ha sido un error…y un dejarse llevar por los sentimientos pasados. No volverá a ocurrir.

Kurt empezó a sonreír. Negó con la cabeza y alzó la mirada hacía el techo del ascensor. En una de las esquinas se podía ver una pequeña cámara de video colocada con celo. El piloto de la cámara de video estaba encendido había estado grabando todo el encuentro lascivo que habían tenido la curiosa pareja.

—Has tenido descuidos. Cuando entraste en el ascensor, yo ya estaba aquí. Así que me aseguré de colocar esa cámara para tener un recuerdo de este gran momento. Es una pena que el ascensor se haya puesto en marcha tan pronto…porque puedo asegurar que tarda diez minutos más, y hubiéramos acabado con los pantalones bajados.

—¿Por qué? ¿Por qué haces todo esto? ¿Es por venganza? ¿Odio porque te dejará cuando ingresaste en prisión? —le recriminó Lara. Ella había empezado a asustarse, temblaba de miedo. No podía dejar que esa cinta de video acabará en dios sabe que manos, tenía que conseguir la cámara.

El ascensor siguió ascendiendo hasta superar la planta 165. Seguían ascendiendo mientras los dos se miraban. La mirada de Kurt era de victoria. Había conseguido lo que quería. La mirada de Lara era de miedo absoluto, tenía que conseguir salir de ese lío que le había metido su expareja.

—¿Crees que soy tonto? He visto que llevas un anillo. Salí de prisión hace cuatro años…me he pasado todo este último año investigándote. Se que te casas en 3 meses. Y se con quien te casas.

Ella dio un grito agudo. No tenía nada que hacer. Estaba atrapada…atrapada con un loco. En ese instante, estiró su brazo para coger la cámara, pero con un leve empujón, Kurt la apartó de su vista produciendo que ella cayera al suelo.

—Pensé que me querías Kurt…

El ascensor llegó a su parada. La planta 215. Las puertas se abrieron, observándose las paredes rojas del pasillo de esa misma planta. Era como un camino al propio infierno. Lara reconoció esa planta. Era la planta donde ella trabajaba. Era la misma planta donde la curiosa pareja iban.

—Veo que vamos a la misma planta. Y es así. Mi entrevista de trabajo es aquí—dijo Kurt mientras se guardaba la cámara de video—espero que tu marido me de el trabajo…y sino, siempre puedo ponerle una película para convencer de otras cosas.

Ella tembló de terror. No podía oír lo que estaba oyendo. Su vida se iba a ir a la mierda en pocos segundos. Los segundos que tardará Kurt en llegar al despacho de su marido, el jefe de la empresa.

—Creo, Lara, que nos vamos a ver mucho estas semanas…igual acabamos currando juntos. Pero te interesa que yo este contento…por lo que pueda pasar. Se que trabajas aquí gracias a él. Si él se entera de este video, creo que te quedarías sin trabajo…yo también, pero eso me da igual. No he venido a trabajar, he venido a engañar. Engañarte. Conoces mi número de teléfono…si quieres negociar, estoy abierto a ello, y abierto a cualquier otra cosa.

Kurt salió del ascensor. Mientras se dirigía por el pasillo rojo todo recto en dirección a la oficina central del edificio. El despacho del marido de Lara. Iba andando con aire triunfal mientras tarareaba una canción.

Ella se levantó en silencio con los ojos cerrados. "Tengo que evitar esto…tengo que hacer algo. Tengo que matarle, matarle y que vuelva a la cárcel. Como la otra vez, ocurrió" 


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