'cookieOptions = {...};' Archivos Argano: Fantasma entre Letras: Capítulo 2 - ¿Con que sueñan todos los escritores? Tranquilidad

miércoles, 3 de julio de 2013

Fantasma entre Letras: Capítulo 2 - ¿Con que sueñan todos los escritores? Tranquilidad


Capítulo 2 - ¿Con que sueñan todos los escritores? Tranquilidad
 

Brian acababa de llegar a su apartamento. Vivía en un edificio de pocas plantas, tres para ser exactos. Cada planta tenía dos puertas, una frente a otra. Era un edificio bastante señorial, del siglo pasado, y muy asiduo a tener averías. De hecho, Brian estaba harto de que muchas de las cosas del sitio dejaran de funcionar de repente y tardarán semanas y semanas en arreglarse. El tipo del mantenimiento era un descuidado.

Tras subir al tercer piso, lugar dónde vivía, la puerta de su vecino se abrió. Tras ella salía una cara conocida para Brian. Se trataba de Ian Elkin, su vecino de enfrente. Ian era bastante moreno de piel, tono que había pasado a formar parte de su cuerpo de manera permanente por los continuos viajes que hacía alrededor del mundo. Pelo corto y moreno, y una mirada muy profunda acompañada por una sonrisa con dientes imperfectos, mostraba un aire de malicia.

A Brian le caía como el culo. No aguantaba hablar con él más de dos minutos. Aparte de parecerle un creído y ególatra hasta limites insospechados. Ian se dedicaba al mismo trabajo que él, también era escritor. Pero, a Ian le sonreía la suerte. En los últimos diez años, había publicado alrededor de sesenta y cinco libros, todos ellos alabados por la crítica y considerados obras de arte en la literatura moderna. Era increíble la forma en que había publicado tantas novelas en tan poco tiempo. "Simple golpe de suerte" pensaba Brian.

Si algo le molestaba más que aguantarlo, era verlo presumir de su próxima novela. Brian lo había escuchado hablar de ella, trataría sobre un asesino. Idea que el también había barajado para su cambio de aires. Brian empezaba a pensar que podía ser divertido competir con él sobre cual novela podría ser mejor. La cosa sería divertida y era un razón de motivación para escribir mejor historia.

 "Tengo que adelantarme como sea a este imbécil. Los de la editorial son capaces de creerse que me he basado en él, o me he copiado de él descaradamente".

—Bueno, bueno… ¿Quién tenemos aquí? Si es mi gran amigo Brian, ¿Qué tal la presentación de tu nuevo libro? ¿Mucha expectación para saber el desenlace de una novela cutre? —dijo Ian mostrando su inseparable sonrisa más propia de un orco que de un humano.

—La cosa no ha ido mal, pero me he dado a la fuga enseguida. Quiero ponerme a trabajar en mi próxima novela. Voy a escribir algo diferente esta vez.

 —¿Próxima eh? ¿Qué será esta vez? ¿Dulces pensamientos 7: Como aborrecer al personal? Espero que me guardes un ejemplar pronto, necesito leña para la chimenea, venga, me marcho, mucha suerte, perdedor —dijo burlándose con tono victorioso.

"Imbécil, no te preocupes que lo próximo que escriba te dejará con una expresión congelada que nunca se te quitará, nunca" pensó Brian mientras se dirigía a abrir su puerta. Al entrar, comprobó que la casa ya estaba limpia. Era un pequeño piso con apenas tres habitaciones, lo esencial, cocina, sala de estar, y su habitación con cuarto de baño propio. La cocina no era nada del otro mundo, al no estar acostumbrado a cocinar, Brian no hacía uso del horno salvo casos extremos, se valía con tener una nevera y su vieja cafetera que tanto le ayudaba en las noches de escritura. El salón era otra cosa, sin duda, la habitación mas grande de todo el piso, no había escatimado en lujos, y se había "regalado" una televisión de última generación, frente a ella tenía numerosas estanterías que contenían su alta colección de libros, pues al ser escritor, era un lector empedernido. Al no estar casado o emparejado, a Brian le gustaba tener su intimidad, y era feliz con su pequeño espacio. Era su santuario, su paraíso personal.

Había pasado los últimos cinco años viviendo en esa casa, y no era una persona acostumbrada a grandes cambios, aunque también tenía su lado negativo, vivía de alquilado, así que algún que otro mes, le tocaba esquivar a su casero cuando aparecía por los pagos. De repente, al fondo de la cocina, escuchó una voz reconocible para él.

—¿Ya ha vuelto? —dijo la voz de la mujer.

—Si, parece que la presentación ha acabado un poco más tarde, de lo que pensaba. Pero, ha ido bien, nada nuevo. Lo de siempre. La misma historia repetitiva.

—¿Quiere decir que ha sido un éxito como siempre?

—Si, bueno, no. Digamos que uno se cansa de escribir siempre lo mismo, y empieza a notar algo de repetición, y eso al final, a la larga, hace que desgastes tu talento por sobreponerte a unas condiciones, en este caso, las condiciones que me exigen mis jefes. Es una auténtica mierda, empiezo a pensar que estoy desperdiciando mi propia vida para favorecer la vida de otros. Y esos otros…realmente, ni me valoran como persona, ni como escritor.

—Así… ¿Qué quiere escribir algo diferente, no? —preguntó ella

—Así es. De hecho esta noche empiezo con mi nueva historia. Colin me ha dado una oportunidad para demostrarle que no solo se escribir cursiladas. ¿Has preparado ya mi café?

La mujer era Erin West, tenía el pelo oscuro y largo, y una sonrisa que rozaba la perfección, sus ojos color miel era preciosos, los mejores ojos que había visto Brian en toda su vida, en ese momento, vestía un delantal por encima de su ropa habitual, que era una falda negra y una camiseta roja, muy elegante. Erin era la asistenta que trabajaba para limpiar el piso. Según las órdenes de la casera de Brian. Ella entraba para mantenerlo limpio, pues no se fiaba de la definición de "limpieza" de Brian.

A Brian le caía bien. Era, mas o menos, de su edad y bastante mas simpática que su casera. Había llegado a mantener una relación de amistad durante los dos años que la conocía. Aunque habían acciones que eran bastante frías entre ellos. En los dos años, Erin seguía tratándolo de usted, algo que mosqueaba un poco a Brian, pues le hacía sentirse más viejo de lo que era.

—Si, Sr. Harper.

—Ya te dije el otro día que mejor me tutearás. Ya sé que es cosa de tu jefa, pero lo prefiero, me haces sentir viejo, jeje —dijo Brian mientras se quitaba la chaqueta poniéndola en el sofá.

—Como prefieras. El café lo tienes dónde siempre, al lado del ordenador. Antes ha venido el mecánico, ha dicho que vendría a reparar el baño, bueno ahora me marcho.

A Brian le sorprendió en mucho tiempo, Erin le había tuteado. Algo empezaba a cambiar entre ellos. O igual era una simple exageración de él. Cada vez que venía ella a trabajar allí se encargaba de prepararle un café para "inspirarse". El café formaba parte del ritual para escribir que el mismo se había creado. Pensaba que le daba buena suerte seguir esas pautas al escribir.

—De acuerdo, ya nos veremos mañana, entonces —dijo Brian mientras se sentaba en la silla y levantaba la mano para despedirse de ella.

—No, mañana no. Tengo día libre, y casi lo prefiero. Tu vecino de enfrente me da mal rollo. En fin, me vendrá bien el descanso.

—¿Quién? ¿Don perfecto? Es un idiota.

—No se, si será perfecto, pero es un pesado de mucho cuidado. Llega incluso a tener mas exigencias que tú, que solo pides algo de limpieza y un café cada noche.

—Tampoco pido tanto… ¿no? —dijo Brian mientras observaba como Erin reía —¿Qué te pidió ese capullo de Ian Elkin?

—Que le acompañará a un sitio, se ve que no tenía acompañante, y necesitaba a alguien. Pero ni loca, no me interesa para nada.

—Ya veo, bueno, será mejor que te marches ya, se esta haciendo tarde, y vives lejos de aquí. Adiós, cuídate, y hasta el jueves.

—Adiós Brian, cuídate, y suerte con tu historia. Espero que me la enseñes cuando la acabes.

Erin se despidió. Brian quedó mudo ante la soledad de su apartamento. Encendió el ordenador abrió el documento, y se centró en la hoja en blanco. De repente, su mente empezó a hacerle preguntas sobre Ian y sobre lo que le había contado Erin.

"¿A dónde quería llevarla? ¿Y a que santo? ¿Sería una cita? ¿Sería una muestra mas para "pasear" su éxito?"

"Arghh, debo ponerme a escribir y dejar de pensar en tonterías. Pero es un consuelo, que ella le caiga mal. ¿Qué tonterías piensas, Brian? Te esta empezando a gustar…deja de pensar en ellos y ponte manos a la obra, tienes mucho que demostrar a todos"

Brian se acomodó en su escritorio mientras se acercaba al ordenador para empezar a escribir sobre su historia, acto seguido, comenzó a pulsar las teclas de su viejo teclado hasta que, en ese momento, sonó la puerta.

Era algo que le mosqueaba. Que en el momento de ponerse manos a la obra, le interrumpieran. Para él, era esencial estar en máxima concentración y silencio para poder redactar a gusto.

—Joder, con lo que cuesta arrancar. ¿Quién será? Me parece que hoy no será una noche tranquila —murmuró para si mismo.

Al abrir la puerta…observó de quien se trataba. Era Donovan McHugh, el técnico encargado del mantenimiento del edificio. A Brian le caía bien, aunque no había tenido mucho contacto con él. Este había llegado a trabajar en el edificio hacía poco tiempo.

Donovan presentaba un aspecto bastante mas demacrado, a pesar de tener la misma edad que Brian. Su pelo era negro como el carbón, corto y puntiagudo. Una de las características que más llamaban la atención de él, eran sus cejas altamente pobladas. Apenas tenía barba, de hecho, si no lo mirabas fijamente parecía que nunca había tenido barba. A Brian siempre le pareció que tenia la cara como el culo de un recién nacido, limpia completamente.

—Hola Brian, veo que ya has vuelto ¿Qué tal fue? —preguntó Donovan mientras observaba el ordenador de Brian con sus celestes ojos.

—No fue mal, pero una vez has hecho una, la siguiente es parecida. Cuentas el argumento por encima, y luego a firmar ejemplares, al menos se han vendido casi todos.

—Bien entonces, ya te traeré el mío para que me lo firmes, ya sabes que soy un lector empedernido, es lo que tiene mi trabajo jaja, aunque me parece un libro…no se, deberías escribir otra cosa. En fin, ¡vamos a ver que le ocurre a ese baño problemático!

Donovan se dirigió al baño para hacer el apaño. Mientras, Brian se dirigió a la cocina y cerró la puerta. El portazo sonó en todo el edificio.

"Una vez se marche, me pondré a ello. Tengo que escribir, tengo que demostrar que no solo valgo para escribir "te quiero pastelito" y tonterías similares, arghh, me dan arcadas solo de pensar en mi última novela, si lo llegó a saber, nunca empiezo. Pero, tuve que empezarla, en aquel momento, tuve que hacerlo. Así lo quiso la moda de las novelas románticas. Aunque fuera mi condena, y ahora estoy más encasillado que un actor de culebrones"

Treinta minutos después, Donovan llamó a la puerta de la cocina de Brian. Dos golpes secos, y su voz comenzó a sonar en los oídos del escritor. Parecía que había sido muy rápido.

—Señor Brian, he acabado por hoy, me marcho ya, aunque hace falta una pieza, seguramente mañana venga a colocársela. No tiré de la cadena en toda la noche, y parte del día de mañana, podría inundar el piso, y eso le traería problemas —dijo carcajeándose a través de la puerta.

—De acuerdo Donovan, de acuerdo, y gracias por todo.

Brian salió de la cocina. Donovan ya se había ido. Volvía a estar solo en su santuario. Ahora era momento de ponerse, de una vez, a escribir su nueva novela. El género lo tenía claro, y sabía más o menos como encajar la historia que su propia mente había creado.

Aunque había cosas que realmente no tenía claras todavía. Quería empezar con algo realmente brutal, algo que impresionará y mantuviera al lector pegado a la novela. Un golpe de efecto. Algo revelante que impresionará a la de YA.

Lo tenía. Ya lo tenía. Brian se acomodó frente al ordenador como cada noche. Y se dispuso a escribir. En ese momento, se tocó el bolsillo de su pantalón. Era el mismo pantalón que había llevado durante todo el día. El mismo que había llevado en la presentación de su última novela.

En ese instante, recordó lo que llevaba en el pantalón. Con Colin fuera de escena…podía hacerlo. Podía "inspirarse" de la mejor forma que conocía, era el momento de hacerlo. Nadie lo veía, no podía dar mal ejemplo a nadie, ni a sus fans, ni afectar negativamente a la editorial, ni nada similar.

Lo hizo.

Minutos después, todo se formaba en su mente, se alineaban los planetas, las letras se convertían en palabras, las palabras se convertían en frases, las frases se convertían en escenas, las escenas se convertían en historia, y la historia debía comenzar…acto 1.

1 comentario:

  1. Es inquietante que todos los personajes tengan la misma edad o parecida. xD

    ResponderEliminar