'cookieOptions = {...};' Archivos Argano: Fantasma entre Letras: Capítulo 3 - ACTO 1: Midiendo habilidades

miércoles, 10 de julio de 2013

Fantasma entre Letras: Capítulo 3 - ACTO 1: Midiendo habilidades



Capítulo 3 - ACTO 1: Midiendo habilidades



 
La noche había caído. El hombre se alzó de su propio sillón mientras se dirigía a la ventana a observar las vacías calles de la noche. Con mucha prudencia apartó las cortinas y miró hacia abajo.

Había llegado su momento. Tras haberse quedado dormido frente a su ordenador, tenía que comprobar una cosa. Tenía que medir sus propias habilidades. Tenía que iniciar su propio plan, un plan que el destino le había presentado en lo más profundo de su ser.

Era un hombre de unos treinta años. Vestía una camiseta a cuadrados, de las conocidas como camisetas de pescador, sobre ella, llevaba un chaleco verde claro. Tenía una gran barba poblada que terminaba en su cuello. Había empezado a dejarse barba con motivos de las innumerables cicatrices que tenia por sus mejillas, o eso le había contado a la gente que le preguntaba por el tema. Realmente, nadie distinguía ninguna cicatriz en su cara.

Se levantó de la silla y se fue a su habitación para prepararse. Cogió una gorra que tenía en su propio armario. Era una gorra amarilla, muy chillona, de Los Angeles Lakers. Era fan del equipo desde hacia muchos años. La gorra la consiguió la primera vez que fue a ver a sus ídolos a la cancha. Fue un momento inolvidable en su vida.

Por un momento, pensó que combinar amarillo con verde y con la camiseta de pescador roja, era un poco estrafalario. Daba igual. Vestir así le daba un toque de distinción para su cometido. Tras atarse bien las botas, cogió aire y se dirigió al baño.

Se lavó la cara y se miró fijamente en el espejo. Observaba su rostro oculto entre su barba y la gorra que ocultaba de forma disimula sus ojos. Meditó, meditó durante unos segundos si se veía capaz de lo que iba a hacer.

"Es una locura. Pero…es algo que me pide el propio cuerpo. Tengo que hacerlo, tengo que ser justo conmigo mismo. Es lo que siento y lo que quiero cumplir."

Tras pensarlo, salió del baño y cogió las gafas de sol que habían en el salón. Se las colocó rápidamente. Estaba completo. Ya no faltaba nada más en su "traje de trabajo", salvo un detalle…necesitaba una cosa más.

Corrió a la cocina y abrió el primer cajón de la encimera. Hay estaban. Seis cuchillos marca Solingen.

Solingen era una ciudad de Alemania muy famosa, en ella se encargaban de fabricar el 90% de los cuchillos y navajas de Alemania. A él le encantaba comprar al extranjero, siempre era de la opinión que los productos de afuera eran mejor que los de su propio país.

Por eso, se había dedicado durante muchos años a coleccionar todo tipo de navajas y cuchillos, compradas en diferentes países. Pero las de Solingen, eran claramente superiores a las demás. Más completas, mejor diseñadas.

Era algo que lo tenía enamorado. Tal era su pasión por estos utensilios que la larga colección ascendía a 60 navajas y 45 cuchillos de diferentes formas y tipos.

Lógicamente este pequeño y adictivo hobby era secreto. Nadie sabía de él. A él no le daba la gana hablar de su colección. Sabia que se podía crear una imagen errónea sobre su afición. Tampoco es que mucha gente visitará su casa, era una persona bastante ermitaña. Su mayor contacto con personas era a través de su trabajo.

Finalmente, salió de su apartamento. Era un lugar con pocas plantas, tres para ser exactos. Y cada planta tenía dos puertas, una enfrente de la otra. Por suerte, para Solingen, que así se había rebautizado, el vecino de enfrente pasaba poco tiempo en casa. Pocas veces se cruzaban, por no decir, casi nunca.

Le daba igual su vecino. El tenia su vida y su vecino la suya. Mientras no se entrometiera en sus asuntos, aquí no pasaba nada. Solingen era una persona muy suya, odiaba los cotilleos por encima de todo.
 
Tras salir a la calle, el frío empezó a hacer mella en su cuerpo. "Me tenia que haber abrigado más, esta camisa de manga corta y este chaleco parece que no sirven para nada" pensó para sus adentros. Observó frente a la calle como el supermercado 24H estaba bastante vacío. Era un hecho extraño. Sobre estas horas, ese lugar solía estar lleno de padres en busca de pañales, borrachos buscando algo que llevarse a la boca y vagabundos mendigando a la propia puerta.

Solingen se dirigió al local y entró a comprarse cigarrillos. No era un fumador muy empedernido, pero le gustaba fumar. Había fumado desde que tenía diecisiete años, y era algo que le relajaba mucho. En un día como hoy, iba a necesitar estar muy relajado, así que tenía la necesidad si o si, de comprarse dos paquetes de su marca favorita para centrarse un poco.

Tras adquirirlos, pagó, sonrió a la cajera y se marchó sin mediar palabra con ella. Al salir del local, se fijó en la persona que estaba sentada junto a la puerta. Era un vagabundo con su perro. No era la primera vez que lo veía Solingen, de hecho aquel vagabundo era un "cliente" frecuente del supermercado. Se colocaba cada noche allí con la esperanza de que la gente le soltará unas monedas para poder sobrevivir.

—Una moneda, necesito comer —dijo el hombre mientras lo miraba con una expresión de pena. Aquel hombre, con su fiel perro acostado en su regazo, miró a Solingen directamente a sus gafas de sol, intentando ver sus propios ojos.

—No llevo suelto. ¿No has pensado en cambiar de vida? —dijo Solingen mientras expresaba una mirada de desprecio hacia el pobre hombre.

No le hacía gracia. No le hacía nada de gracia. Ese pobre vagabundo llevaba semanas y semanas en la calle. Solingen no quería intercambiar más de dos palabras con él.

Empezaba a sentir algo de nauseas solo con el olor que desprendía el pobre hombre y su perro.

—¿Cambiar de vida? ¿Crees que estoy así porque quiero? Necesito ayuda, necesito que alguien me ayude. Lo mío es supervivencia.

—¿Supervivencia? Igual podrías solucionar tu vida haciendo otra cosa, en vez de estar ahí esperando que se arreglen las cosas.

El hombre se levantó mientras el perro se ponía a su lado gruñendo. Solingen lo observó, y del bolsillo de su chaleco, asomó el mango de una de sus navajas. Esto hizo retroceder al vagabundo que, con rapidez, recogió sus cosas y se marchó del sitio para no crear más polémica.

El hombre no quería montar una escena frente al comercio. Discutir ahí traería problemas a los dos, y tenía las de perder teniendo en cuenta que era un indigente que mendigaba. Sin despedir, se marchó y le dio la espalda a Solingen.

Solingen se quedó quieto observando como hombre y animal se perdían en la oscuridad de la calle. En el fondo, el hacía gracia ese hombre. Él disfrutaba de una vida de lujo, consideraba que los pobres desgraciados que vivían en la calle, era culpables de vivir así.

Tras varios minutos, se miró en el espejo. En ese momento, algo se iluminó en su mente. "Claro, ÉL, ese pobre me valdrá como prueba de mis habilidades". Tras meditarlo, cogió rumbo por la calle donde el hombre y su perro se habían perdido y fue en su búsqueda.

Tras una hora, lo encontró. El vagabundo y su perro se habían acostado en el parque del norte. Se había acostado con una manta en un banco con la idea de conciliar el sueño mientras el perro estaba agazapado debajo del banco.

Solingen lo localizó enseguida y se dirigió frente a él. Con gran velocidad, sacó una de sus navajas y empezó a acariciarla. Alzó la vista y miró a los alrededores. Nada por la izquierda, nada por la derecha.

No había nadie más en el parque, salvo el hombre, su perro y él mismo. Era la ocasión perfecta, su oportunidad. Había deseado desde hace mucho tiempo encontrarse en una situación así. Y ahora, la tenía, la tenía delante de él. Solo necesitaba estar seguro de lo que iba a hacer, demostrar iniciativa y hacerlo rápido.

—¡Eh, tú! ¡Despierta! Esta amaneciendo —dijo Solingen alzando la voz para llamar la atención del hombre.

El hombre empezó a despertarse poco a poco, mientras el perro se levantó al instante de escuchar la voz de Solingen. El perro comenzó a ladrar.

Solingen no había caído en eso. Si el perro continuaba ladrando iba a traerle problemas. Con un simple movimiento, Solingen se disponía a atacar al perro. En ese momento, su amo, el hombre, se levantó y lo vio.

—¿Qué coño te pasa a ti? ¿Qué quieres? Sahan, rápido, márchate —gritó el hombre al observar el cuchillo de Solingen.

Sahan hizo caso a su amo, y se marchó corriendo. Se perdió en la calle. A Solingen le daba igual. El perro nunca había sido su objetivo. Si tenía que matarlo, lo hubiera hecho, pero no entraba en sus planes. Su plan y su objetivo principal, era aquel hombre. Aquel hombre que no sabía las intenciones que se ocultaban tras las gafas de sol de su cercano agresor.

—Mi perro ha ido a pedir ayuda. Imagino que no quieres cortar pan con esa navaja....

—Imaginas bien. No es algo personal, pero tu vida es mía ahora. La historia se tiene que escribir…tu me valdrás para probar mis habilidades. Ponte cómodo mientras yo me encargo de ponerte en escena.

—¿De que hablas? No entiendo nada —respondió el hombre mientras miraba estupefacto a Solingen.

—Tranquilo —comenzó a decir Solingen— puedes dar gracias de ser el protagonista principal de mi primer acto. Esta vez he elegido al azar. Los siguientes están más rebuscado, pero necesitaba una persona externa a la trama para la primera toma de contacto. Así que, puedes sentirte orgullo.

El hombre no entendía nada sobre la verborrea que salía de la boca de Solingen. Este hablaba de actos, victimas y cumplir su cometido como si hubiera recibido una revelación. Se arregló la gorra y empuñó la navaja con sus dos manos.

Acto seguido, se movió y le clavó la navaja en el pecho, con fuerza y rapidez. Fue tan rápido que el hombre no tuvo tiempo para reaccionar. La navaja se quedó clavada en su cuerpo mientras Solingen la soltaba en su cuerpo.

El hombre gritó de dolor como si estuviera en el matadero. El segundo grito fue más intenso cuando se dio cuenta de que la navaja seguía dentro de su cuerpo. No podía creer lo que estaba pasando. No podía creer que aquel hombre había sido capaz de hacer lo que había hecho. A duras penas…pudo dirigirse a su agresor, una vez más.

—Joder…me has alcanzado…dios…—balbuceó el hombre mientras notaba como sangraba por la herida. Todavía notaba el duro acero de la navaja en su interior. Solingen se le acercó y se la extrajo con dureza. Esto provocó que el hombre cayera de rodillas.

Solingen sonrió al observar al hombre. La herida de este empezaba a sangrar con más fuerza tras la extracción de la navaja. El hombre se tapó con su mano intentando frenar la hemorragia. No daba resultado, su mano empezó a pringarse con su propia sangre mientras su agresor lo seguía mirando fijamente.

—Tengo una sensación de poderío. Es una gran sensación ¿no crees? Observar como tu víctima sufre, ver como su vida se apaga poco a poco. Ahora ya no tienes ganas de pedir dinero ¿eh?

—Eres… un desgraciado…—dijo el hombre mientras empezaba a marearse. Empezaba a sentirse mal de verdad. Separó su mano de su herida y observó que la tenía inundada de su propia sangre. Era la primera vez que veía tanta sangre. Debía tener una herida lo suficientemente profunda para sentirse tan mal y observar que la propia hemorragia no se había detenido.

—¡Cállate! Ahora vamos a terminar ya —dijo Solingen. Acto seguido, volvió a coger con fuerza la navaja, y volvió a atacar a su victima, esta yacía en el suelo temblando de miedo, empezaba a sentir mareos a causa de la hemorragia.

La volvió a clavar. Esta vez en el hombro. El hombre dio un grito con todas sus fuerzas cuando la navaja impactó en su propia carne. El dolor era más intenso que la primera vez, su brazo no podía moverse. Solingen apoyo su pierna en el brazo para extraer la navaja. La presión de la pierna provocó que el hombre volviera a gritar de dolor.

Una vez la extrajo. Solingen se guardó la navaja y observó su victima. Lo miraba de forma inquietante a través de sus gafas de sol. Había conseguido. Había cometido un crimen por primera vez. Había matado a una persona. Había roto la monotonía de su vida.

Se sentía como un escritor que cambiaba de un género a otro. Tenía un exceso de adrenalina en su cuerpo que no lo podía ni contener. La vida del hombre se apagó en ese instante. Ya no se quejaba, ya no se movía, ya no ofrecía resistencia. La batalla había terminado, y esta solo tenía un único vencedor: Solingen.

En ese momento, Solingen escuchó unos ladridos que se escuchaban a lo lejos y se aproximaban a donde el se encontraba. Era el perro. El perro del hombre había vuelto.

Solingen se escondió tras los arbustos. El perro llegó y se posó al lado del cadáver de su amo. Solingen observó en silencio mientras sacaba su navaja. Se disponía a lanzarla para acertar al animal y acabar con su angustia.

En ese momento, el animal empezó a aullar de forma lastimera. El perro lloraba la muerte de su amo con sus ojos inundados de lágrimas. El animal había perdido el dueño que lo había cuidado desde hacía más de cinco años. Había perdido al hombre que le había cuidado en las largas noches de invierno. El perro se acurrucó en el cuerpo de su dueño mientras, sin buscarlo, se manchaba con su propia sangre. Se recostó a su lado y empezó a lamer la cara de su dueño con la esperanza de que despertará. El animal siguió aullando y aullando sin parar.

Solingen lo miró atentamente. En ese instante, guardó su arma y se marchó, No valía la pena matar al animal, tampoco era algo que se mereciera, el pobre perro tenía bastante con lo que tenía. Además, Solingen tenía cosas que hacer más importantes, había puesto a prueba sus habilidades, y todo había salido como esperaba. Ahora había que dar el siguiente paso.

El acto 1 había terminado, pero la historia todavía continuaba…


2 comentarios:

  1. Por dónde empiezo... A ver, lo primero es sugerir que ya que quien escribe ésto es Brian, haz que se note un cambio en la forma de escribir, no eres tú quien lo escribe, es Brian. En segundo lugar, cuando empieces un diálogo aclara bien quién empieza y quién prosigue. Por otro lado me ha parecido un puntazo que el propio escritor introduzca ideas que tú quieres plasmar sobre él, eso me ha encantado. Y finalmente, el que des la oportunidad a Solingen de tener algo de humanidad perdonando al perro también me ha gustado. A ver cómo sigue.

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  2. Te voy a dar un consejo, una crítica constructiva que espero no te tomes a mal, ya que te lo comento para que mejores.

    1 - Deberías revisar mejor los textos, porque aunque la historia sea buena, encontrar fallos ortográficos y de expresión es algo que mucha gente no suele aceptar (a pesar de que ellos mismos no sepan ni escribir).

    2 - Evita el uso desmesurado de adverbios terminados en "-mente", dan sensación de no poseer vocabulario y de no tener un buen manejo de los sinónimos. Por ejemplo: "Se lavó la cara y se miró fijamente en el espejo". Yo hubiese puesto: "Se lavó la cara y se observó, con los ojos fijos en su reflejo".

    3 - Debes intentar evitar palabras comodines como: había, hacía, podía, sería... ya que produce la misma sensación que en el punto anterior. Por ejemplo: "No podía creer que aquel hombre había sido capaz de hacer lo que había hecho". Yo hubiese puesto: "No llegué a creer lo que aquel hombre había sido capaz de hacer" o "No podía creer que aquel hombre hubiese sido capaz de eso".

    4 - CUIDADO con los tiempos verbales. Mismo ejemplo: "No podía creer que aquel hombre había sido capaz de hacer lo que había hecho". Sería: "No podía creer que aquel hombre HUBIESE [...]"

    5 - LEE MUCHO (esto es lo más importante)

    Espero que no te lo tomes a mal y que te ayude a mejorar.

    Un saludo =)

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